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DÚO ROCAMORA-MARIO BRAVO
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Pocas veces he visto felicidad tan
genuina, como la de Marcial Rocamora. No cabía en si de gozo, saltaba, bailaba, cargaba a los cantores que no habían podido ganar como al Tirifilo, al que le dijo cuando se iba, palmeándolo
— Segui, segui, pibe, que en una de esas tenés suerte. María, su mujer se acercó visiblemente aliviada diciendo — Menos mal que ganó, sino este hombre se me moría,
ahora espero descansar un poco — Todo lo contrario, María, le dije, ahora viene lo peor. Seguramente te va a considerar un ser inferior, mirá lo
que me pasó con Rosita, que ya no me habla despúes de ganar, no sabés lo que te espera, te va a convertir en un objeto — ¿Sexual?— preguntó María, esperanzada
— Bueno, la verdad, la verdad, es que yo pensaba más en un electrodoméstico Marcial apeló a todas las argucias en su afán de ganar: viendo que sólo no podía decidió cambiar de estilo y
repertorio diciéndome — ¿Qué queres Oriental?, acá no podés cantar bien, el público no te entiende, es como darle bombones a los chanchos! ¿ No lo viste al gil de Nardo, con esa
payasada que hizo, arrasó? ¿Y Gloria del Mar? Todo el mundo cree que vino de París, de cantar en una cave, existencialista, que nunca se había visto estilo más
original ¡ pero tomatelás! ¡Ah, no! Pero yo a estos los cago, vas a ver lo que me preparo— dijo secándose la espuma que le salía por la boca. Nunca vi ejemplo más perfecto de la frase persevera y
triunfarás. Rocamora se buscó un socio, lo obligó a que compre un disco, lo hizo adelgazar dos kilos, insistió hasta que se tuvo que teñir de canoso, le consiguió un
curso de vocalización por correspondencia, estudiaron juntos los ridículos temas que cantaron y ganaron, si, ganaron, y además de ganar, produjeron un fenómeno
inesperado que francamente no estaba entre sus planes ni en los de nadie, pero que surgió así, por azar, y que fue nada menos que... la inauguración del rincón Gay de
Tango y Truco. Viendo al duo mirarse profundamente a los ojos, tomarse de las manos, y tirarse piquitos, todo esto acompañado por el desacompazado balanceo de las
caderas de Rocamora mientras cantaban, produjeron el entusiasmo de cientos de parejas gays, guapos conversos y mariquitas de pollera con tajo, que llenaron
el portal de Tango y Truco con sus pedidos. Debido al inesperado fenómeno, y haciéndonos eco del espíritu humanista que puebla los estatutos de la institución,
debemos comunicar que está en estudio la realización del primer concurso de cantores gays
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EL TIRIFILO
La actuación de El Tirifilo, un personaje de otra época
al decir de buena parte del público, sensibilizó tremendamente al sector femenino al hacer pública su declaración de amor a la bella señorita que lo acompaña. Y luego, al anunciar el tango Naranjo
en Flor y decir emocionado que lo iba a cantar con el corazón, lo hizo con tal sentimiento y énfasis que en un momento creí que se nos moría. Menudo compromiso el mío, ya me veía con el
cadáver en el baúl del auto, entregándoselo a la madre con una excusa cualquiera — ¡No se preocupe, Matilde, se atragantó con un hueso
de pollo y se nos fue en un instante, no sufrió nada pobrecito! O el poco comprometido — no sé qué pasó, estaba
sentadito a la mesa, muy seriecito como es él, pero un poco más, y era que estaba muerto el pobre. En fin, un bochorno, pero para tranquilidad de todos
ustedes, debo informar que se ha creado con el aporte de destacados sponsors, el botiquín de primeros auxilios para cantantes aficionados, guardado celosamente bajo
llave en secretaría, por temor a que Rocamora se tome el alcohol fino, así que canten con tranquilidad. Desde un remoto lugar de la historia, nos entrega su romántico decir, ¡el Tirifilo!
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PICHÓN GALVÁN
Pichón Galvan es conocido entre el público femenino por el apelativo de "el cantor de las
solteronas, separadas, y algunas casadas" debido a las tórridas pasiones que despierta en ancianos corazones de maestras jubiladas, bibliotecarias y regordetas amas de casa. En el transcurso del tercer
concurso recibió un centenario daguerrotipo de una misteriosa admiradora que decía al dorso: Pichón; si te venís al nidito vas a encontrar calorcito y también mi comprensión, no te va a hacer falta
nada pues pongo a disposición con todo mi inmenso afecto toda la jubilación. Un ofrecimiento nada despreciable dados los tiempos que corren y que fue el único que pudimos dar a conocer pues los otros
fueron impugnados por el censor, don Vladimir, por estar plagados de menciones a atributos físicos, propuestas indecentes y descaradas invitaciones a maratones sexuales. Chicas, tranquilas, que Pichón
Galván tiene novia.
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CHELA ORTIZ
Bellísima cantante y persona de mi amistad, fue otro de los damnificados por el "Ogro de
Caballito" en el anterior concurso, quien en un rapto de humor antojadizo, le impidió cantar por tener un parentesco cercano. Si, Chela Oritiz desde hace un tiempo largo, es la prima de Don Carlitos.
Cuando vino llorando a comunicarme la novedad, le pregunté a su primo ofuscado — ¿Por qué no puede cantar? — Exceso de consanguineidad, Oriental
— ¿Y eso qué tiene que ver? — Van a creer que hay acomodo, no canta y listo, y usted píqueselas
No hubo caso, Chela lloró toda la noche — ¿Viste cómo me preparé, Oriental? Y vos que me ayudaste a hacer los rulos, todo para nada Me acordé del
incidente de los rulos: cuando llegué a la casa de Chela, estaba desesperada con su pelo, completamente lacio e ingobernable — ¿Qué puedo hacer, Oriental? Necesito un peinado de fiesta
— Y, hacete los rulos— le dije distraídamente — ¿Pero cómo, no tengo un mango para la peluquería?
— Mirá Chela, hay una manera, no sé si te vas a animar.... — Pero sí, viejo, ¿qué hay que hacer? — Tenés que meter los dos dedos en el enchufe, bien parejitos, y apenas sentís el golpe de corriente los sacás— dije yo sin estar seguro.
Dicho y hecho, Chela metió los dedos valientemente y empezó a dar sacudones impresionantes mientras comenzaba a salirle humo. Viendo que corría peligro de incendiarse, yo que en estos casos
siempre conservo la calma, le arrojé obsequioso.... un balde de agua, que tuvo un efecto no esperado por mí; hizo volar los tapones. Chela estaba desmayada y completamente cubierta por una costra
negra, pero con una cabellera cubierta de bellísimos rulos. Vamos bien, dije para mis adentros, y armado de mi santa paciencia y una lija del 80, empecé a lijar a Chela para quitarle la costra
negra. Al cabo de unas tres horas, ya completamente repuesta y lijada, partimos al concurso, y todo el esfuerzo ¿para qué? Pero hoy nos reinvindicamos. Chela Ortiz, luciendo sus bellos rulos, que
afortunadamente le duran, se presenta ante ustedes para deleitarnos con su voz.
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. No pusimos aficionados para no crear controversias ni confusiones, pues al decir un interesado Yo
no soy ningún gay aficionado, yo soy profesional decidimos borrarlo. Todos estos éxitos son pocos para mitigar las tristezas de la infancia de Marcial Rocamora. Los que lo conocemos de chico,
preferimos olvidarnos... de Marcial. Es que apenas nació ya estaba sojuzgado por la personalidad de su hermano mayor Javier Rocamora, un muchacho con suerte. Javier fue tocado por la fortuna desde los
primeros días, por el asombroso hecho de haber nacido... con bigotes. Pero no esos bigotitos que son una línea, como los de Errol Flin o los que sabe lucir sobre su labio superior la célebre escritora de
temas gastronómicos Teresita Rechimuzzi, no, me refiero a bigotes de verdad, unos impresionantes bigotes de turco, con las puntas retorcidas hacia arriba, los que daban a su fresca cara de bebé una
inusual expresión de fiereza. A los pocos días de nacer lo llevaron de paseo al prestigioso circo Barney, Barney, Barney , Barney e hijos, donde quiso la suerte que lo acompañó desde siempre que se
encontrara en la entrada el señor Barney, quien asombrado al ver al bebé con semejantes bigotazos le preguntó incrédulo a sus padres — ¿Son naturales? — ¡Si señor, tire nomás! El
señor Barney tiró con fuerza creyéndo se trataba de un timo, lo que provocó el llanto del pequeño Javier. Inmediatamente le extendió un jugoso contrato para exhibirlo y a partir de ese momento la familia
vivió cómodamente del fenómeno, el que creció sin mayores inconvenientes salvo una enfermedad profesional producida por el encierro en una caja de cristal al que lo sometían para evitar que le tiraran
del bigote. A todo esto Marcial quedó relegado a un segundo plano, nadie se ocupaba de el, sólo ocasionaba inconvenientes — ¿Otra vez se cagó Marcial? ¡que baranda! ¿vos lo cambiaste?
— No, yo hace días que no lo cambio me parece, bueno, cualquier cosa lo mandamos al lavadero — Mirá que no te lo van a recibir. — ¿Por qué? Porque cuando lo manguerean se
ahoga y llora — ¡No te digo, este pibe siempre se queja! Su infancia fue transcurriendo en este marco. Rocamora se transformó en un muchacho gris, el famoso gris Rocamora que se encuentra en cualquier pinturería. Por eso es que luego de infortunios y tristezas verlo triunfar me llena de emoción y de cierto orgullo por haber contribuído a su éxito, aunque haya convertido a su mujer en un electrodoméstico.
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CARLITOS DÍAZ.
Llegó el momento de la
reivindicación para Carlitos "el oscuro" Díaz, nombre de tape, sombrío y taimado, ligero para el cuchillo, lengua larga con las mujeres, e insuperable en el baile. Hoy, luego de superado el
incidente de su frustrado re-debut, ya más relajado y cariñoso, se apresta a regalarnos su arte, su peculiar modo de decir Por eso, ya cicatrizadas nuestras heridas, quiero presentarlo
con la confianza que da una hermosa amistad Con ustedes ¡El insecto!
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EL CACHAFASKY.
Don Mario el Cachafasky, decano de la barra de Tango y Truco, admirado y querido por todos,
continúa asombrandonos. Sigue inmerso en su delirio místico, el que se agudizó luego que cantara en calidad de sacerdote en el último concurso. Cuando traté de contactarlo, los familiares me dijeron — Es imposible, ha dedicado su vida a la oración, se encuentra encerrado en la piecita del fondo en un rincón, que llama ampulosamente "El rincón famoso".
Algo me sonó raro, conociéndolo al Cachafasky. Me dirigí a su domicilio y allí me dijeron escuetamente — Intente hablarle, pero va a ser difícil Me
dirigí a su lugar de retiro y sin ánimo de molestarlo, abrí la puerta silenciosamente; allí estaba el Cachafasky con su atuendo de sacerdote. Se había dejado crecer una inmensa barba, y sostenía un libro
entre sus manos mientras murmuraba por lo bajo. Contra la pared se amontonaban una considerable cantidad de cajas de vino Rincón Famoso y por el suelo y sobre la mesa, botellas vacías del mismo. No me
había visto, me acerqué sigilosamente y entonces vi que el libro que sostenía no era la Torá, era El Alma que Canta, famoso cancionero del año 30, que sostenía mientras entonaba por lo bajo "Te
aconsejo que me olvides" — ¿Pero qué hacés, Mario? — ¡Shhhhh, callate, Oriental!. Tuve que inventar lo
del delirio místico porque no querían que cante, pero no te preocupés, el sábado mato ¿no querés un vinito?
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LA MOROCHA.
Recibí el misterioso llamado de una señorita que solicitaba anotarse en el concurso de cantores. La voz pausada, pastosa,
grave, con el matiz propio que produce la afición al aguardiente de elevada graduación. — ¿Cómo te llamás?— le pregunté burocráticamente.
— Yo soy la Morocha— contestó con su voz llena de veladas promesas y profundos misterios.
A cada instante aumentaba la expectativa. — Bueno, sí, sos morocha, ¿pero cómo te llamás? — Me llamo la Morocha, creo que es suficiente
Quedé con esa sensación amarga, cítrica, con resabios de antiguas maderas frutales, flotando en el viaje a un remoto rincón de la memoria, transportado por la fragancia de una milenaria fragancia
oriental. Al final del recorrido me dije: ¿cómo se puede ser tan boludo? ¿qué habrá pensado la Morocha de mí? Quería preguntarle miles de cosas, pero todas me parecían tontas: ¿vos qué hacés? ¿estudiás o trabajás? Pero tenía un nudo en la garganta.
— Bueno, bueno, te espero esta noche— le dije ansioso de conocerla, y al fin la tenemos aquí con nosotros:
¡La Morocha!
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CICATRIZ
Llega precedido de una fama siniestra, en su cuerpo la huella de los cuchillos forjaron su nombre:
lo llamaban Cicatriz en el barrio de las Latas, historias de mil combates y amores enloquecidos, juego de naipes, carreras, desafíos de cantores fueron forjando el mito. Hoy se encuentra entre
nosotros una baldosa porteña embarrada de suburbios. ¡La fama de Cicatriz llegó hasta Tango y Truco!
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LA MABEL
Siempre le gustó cantar, pero la vencíar la vergüenza, hasta que se le ocurrió tener dos hijos
músicos para ver qué pasaba. Con el correr del tiempo, al ver a su hijo Matías tocar instrumentos y escuchar la bella voz y el sentimiento de su hija, pensó — Yo algo habré sacado de ellos— así fue que se sometió a un riguroso régimen dietético, ensayó unos tanguitos, y aquí la tenemos: ¡La Mabel!, descendiente de una estirpe de músicos y
cantores, dispuesta a hacer... ¡su primer papelón!.
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