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Sábado 19 de abril de 2008

Goulash con kashe

Como ni Dios sabe qué clima reinará el sábado, nos tiramos a la pileta con un clásico mejorado:
nuestro tradicional goulash tanguitruquero vendrá esta vez con kashe de alforfón.

Como casi nadie sabe de qué se trata el alforfón, digamos que se lo conoce más por trigo sarraceno, sin aportar un ápice a la cultura, por ahora (tampoco explicamos de qué se trata el kashe).
Este sarraceno no es trigo, por supuesto, sino otra cosa muy interesante que combina con el goulash, al menos en las pruebas preliminares.
En caso de que no casen, pues lo dejan a un costadito y protestan (difícil, porque se complementan de lujo, y porque los argentinos no solemos jugarnos por causas dudosas que pudieran deschavar nuestra eventual ignorancia, a menos que algún delirante haga punta y se banque el papelón
[sanción social-moral máxima a que se expone el que mete la pata en este micromundo que diluye las responsabilidades a escala homeopática], y sólo por un ratito porque –casi de inmediato- vendrá un nuevo papelón a tomar estado público prominente).

Goulash es comida de olla, bastante pavota si se prepara sin pericia, como descubrió el gran Álmos al llegar a los antiguos territorios de la Dacia romana y descubrir que no tenía buena nerca pa'un asado. Entonces se mandó este estofado, y si no fuera por los odres de tokai que en ingentes cantidades ingirieron sus guerreros, tal vez otro hubiera sido el destino de la nación magiar y el papel de Pushkas en el celebrado balompié, porque aquel protogoulash histórico fue cocinado medio de apuro y no llevaba páprika (claro: vino después, de América).
Un goulash sonso, tipo carne sancochada y durazna en agüita turbia, como te dan en Las Cañitas antes de aplicarte el impuesto a la frivolidad vana y dejarte el regusto metálico de la sensación "debería hacer algo mejor con mi vida".
Gracias al alcohol, la sosera del yantar no importó demasiado a las huestes de Álmos, más interesadas en el reparto del botín que en pequeñeces filosóficas.

"Las cosas mal hechas suelen salir mal", concluyó el adalid, que estaba en todo.

"Lo hacés 200 veces y comenzás a agarrarle la mano", agrega nuestro cocinero (lleva en su haber unos 400 intentos, bien logrados desde el séptimo y excelentes a partir del quincuagésimo segundo).

Muchos de ustedes, gente, han gustado algunos de los sabrosos goulash de Tango y Truco.
Denle una oportunidad al novedoso acompañamiento, porque los spätzle, de tan fashion, ya van quedando casi vulgares.

Cualquier cosa, en Carrefour les devolverán el dinero.

Osperamos

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09/10/08, último cambio