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Este sábado
(14 de junio, víspera del Día del padre) serviremos un goulash francamente excepcional.
Cualquiera puede pintarse los ojos, pero a la Oreiro le queda mejor que a muchos. Cualquiera puede hacer un goulash,
pero…
Está por un lado el asunto de la experiencia, que ayuda y no alcanza Viene por otro la cuestión del conocimiento, casi
imprescindible Hay que tener también una infraestructura, y disponer de una logística importante Para que el goulash sea rico se necesitan ingredientes posta, y un cierto talento La paciencia del sabio
aporta esencia y equilibrio Una confianza segura distingue a quien bien cocina Y cierta asombrosa pedantería permite invitaciones como la presente
El goulash del sábado se viene cocinando en calmos lapsos lentos, marinándose, integrándose, potenciándose, imbricándose y
transformándose, sublimándose, y elevándose a la superior categoría de las comidas redondas, que vuelven del pasado y preanuncian ilusorios destinos mejores.. Es un guiso, claro, aunque hay guisos y
desaguisados Pusimos varias carnes, como para que la experiencia gustativa se desarrolle en descubrimientos sucesivos Cebollas, pimientos y algún puerrito dan sustancia y sustento en un soporte de textura
general, mas no uniforme, cosa de que las cucharadas vengan distintas, no previsibles. El cocido depara sorpresas y alegrías, con sus batatas doradas y copetes de crema agria pintados de colorados pimentones
paprikosos.
Tarea de varios días y muchas etapas, se asienta en la espera (el mejor de los aprendizajes, dijo Mallman) y espera el
asiento. Uno se come una semana esperanzada, che, mandándose al buche toda la cultura antigua del yantar polenta porque sí y para sí.
Y sin engordar. Hemos demostrado más allá de toda duda que, comiendo exclusivamente la comida de TyT, se baja notablemente
de peso. Plumas disidentes y malintencionadas argumentan en contrario. Reconocen la verdad de nuestras aseveraciones, mas meten cizaña aviesa con argumentos de tipo descalificador: "Claro. Si uno come solamente
los viernes y los sábados termina por adelgazar" Allá aquellos con su envidia. Que se cuezan en su propio jugo. Lo nuestro es incontrovertible, y ni siquiera nos interesa.
¿Quién dijo que los flacos son mejores? Acá nos gustan las gordas alegres y abiertas y los panzones de gran
trago. Adoramos lo rubicundo, lo gritón, y veneramos la energía del grupo que ingiere en manada como asegurando la perpetuación de la especie.
Se acerca la hora propicia. El sábado a las diez de la noche nos internaremos en el mar de las ollas y navegaremos hasta
las profundas alturas del desatino, sin amarras que soltar. Nótese que, de sólo irlo preparando, ya estamos escribiendo disparates
Osperamos
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