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Este
viernes 20 (feliz cumpleaños) a las 10 de la noche comeremos crepes sarracenos.
Al grano
No es de trigo, el grano, y se llama así: trigo sarraceno. Ya hemos hablado al respecto. Se usa para el kashe, pero
también se muele para esos panqueques grandes –galettes- plegados cuadrados que comemos en la Bretaña francesa y que encontramos en la Milla de Oro de Medellín con rellenos americanizados por chiles
antioqueños y uchuvas agregadas. Salen sutiles, etéreos, crepitantes, y se bancan unos rellenos cremosos recalientes que te escaldan la comisura en caso de no apuntar correctamente.
Los haremos salados y no cárneos, porque nos invaden los veganos progres levemente cargosos pero buena gente en el fondo, que
a la final cada uno tiene sus mañas y si nos pusiéramos más en alfa menos problemas habría sin tantas crispaciones calmolíticas. Bueno, no cárneos sin exagerar, porque tal vez alguno traiga pancetas top o jabugos
del diome, con la debida aclaración.
Haciéndose la idea: una capa crocante, como nada crisp con mucho gusto, entre un interior de sabores lácteos o verdes o
champiñónicos y un exterior de salsita poca y suntancial, rica, complementaria y equilibradora.
"Los crepes son como el sanguich jailaife", dijo Aristóbulo Tatave, atronando con su acordeón, una vez porteñizado a medias al cabo de treinta años en la cortada frente al telo y junto al figón de las lentejas, enfundado en apachosa camiseta de rayas y haciendo musculitos a la rubia crecida. "Los canelones son otra cosa", protestó este amanuense, varias veces. "Los boios tienen cierto parentesco",
murmuró la puérpera, cuando ni siquiera estaba preñada. "Los knishes también", acotó el espíritu de Blanca. "Blinis crocantes", musitó el eterno confundido "Es una masa philo pero de alforfón", se dijo también, y equivocadamente, en aquella conversación que cruzó las épocas y juntó las gentes, foro global espontáneo no autoconvocado en torno al problema del flavor, el gusto y la comida paspada fast que nos arruina el placer de la existencia.
Acá comemos rico, che, asuntos con personalidad, misterios a descubrir, juegos de la lengua y las papilas y la mente y los recuerdos con olores a mejor, bruto y ruidoso, conversado, gritado, mojado y manchado.
La fiesta, loco
Lo redondo de Rhijno en cuadradoides olivéricos, un trompe l'loeil que es trompe l'ail (ajos de agresividad
confitada). Paquetitos de vida, juguetes nutricios, 100% low bullshit, con hilos de queso y vetas como ríos que van del diente al deseo. Micromonumentos ingeniosos, únicos y divertidos, con historias
inventadas y futuros de nostalgia.
Lo duro y lo blando, como lo suave, como lo lindo, como lo tierno, como ese amor. Panqueques salados, plenitos,
desprolijos, antiguos como la envidia y limpios como sueño de bebé tranquilo, para quitarnos un tanto la electricidad circundante, ansiosa, tensa y absurda que mina el alma. Un plato fino (delgado como un crepe)
onda Las cañitas, con intensidad de cantina de taxistas o parrilla llena de camioneros al costado de la ruta
Osperamos
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