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Era una cocinera medio indígena, que
alguna vez se llamó Talquenca algo -¿terminaba en "chay"?- y que ahora respondía al ¡Mercedes!, quizá por su misericordia aparente, derramada en mercedes comestibles. O porque nos tenía a merced de las insondables
maquinaciones de su atribulado inconsciente, subconsciente, alma, o qué se yo. Mercedes no hablaba en público y respondía con monosílabos, pero murmuraba lindo y mucho mientras amasaba o hervía. Manejaba unos
tiempos largos como de piedra, y evidenciaba una seguridad formidable entre cacharros.
Ella hacía este locro, el auténtico, sabedora del secreto. Un locro original, como su ancestro. El verdadero locro,
desconocido. Nada que ver con los sucedáneos bastardos que afloran con promesas ilusorias los días patrios o fríos, vendido al peso por microempresas con fines de lucro, sin fines de locro ni principios
éticos. Mercedes hacía el locro exacto, preciso y milenario, el perfecto. Balanceado, armónico, consistente, sustancial, redondo y mágico.
A fuerza de aguantarla tantos años, de ayudarla en lo sórdido logístico y de ganar su corazón encallecido con infantiles
zalamerías que a esta edad resultarían hipócritas, fuimos iluminados con la tradición (el traspaso, la traición). Repetiremos, no como sacrilegio sino como homenaje, el locro genuino que Mercedes heredó de una
historia terrible, mestizada a la fuerza. Ese locro emblemático y arquetípico, ejemplar y paradigmático que obedece a un preciso sucederse de inmutables procederes controlados. Cualquier cambio en la ruta, aún
pequeñísimo, alteraría el equilibrio Este locro es así, y si no, no es. Es el locro que aprendimos de la Talquenca nosequéchay, gramo por gramo y fuego por fuego Un locro que Mercedes hacía de tanto en
tanto, siempre distinto, según lo que tuviera a mano y el humor que la gobernara Porque Mercedes llamaba locro a cualquier cosa que tuviera maíz, o trigo, o arroz, abusando de su facultad. Un día lo hizo con
fideos y salsa de tomates, y nada más.
Demasiado, che. Too much Tomatelás, Mercedes, con tus tomates Voy a hacer el locro que me gusta, como se me canta,
como quiera o como pueda, como me salga. Y me va a salir espectacular, porque tengo el poder y conozco el secreto
Vayan reservando mesita
Osperamos
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