Ir a la página inicial

ADENTRO

 

Recitales
Música y demás para los pocos que cabemos

Campeonatos
Se extrañan los certámenes a cara'e perro

 

Concursos
Nuestros concursos de cantores aficionados congregaban multitudes desconcertadas

 

Fotos
una fiesta, otra,
viejas, nuevas, más nuevas

 

Canciones

Plato del día

28 de junio de 2008

El verdadero locro

Era una cocinera medio indígena, que alguna vez se llamó Talquenca algo -¿terminaba en "chay"?- y que ahora respondía al ¡Mercedes!, quizá por su misericordia aparente, derramada en mercedes comestibles. O porque nos tenía a merced de las insondables maquinaciones de su atribulado inconsciente, subconsciente, alma, o qué se yo.
Mercedes no hablaba en público y respondía con monosílabos, pero murmuraba lindo y mucho mientras amasaba o hervía.
Manejaba unos tiempos largos como de piedra, y evidenciaba una seguridad formidable entre cacharros.

Ella hacía este locro, el auténtico, sabedora del secreto.
Un locro original, como su ancestro.
El verdadero locro, desconocido. Nada que ver con los sucedáneos bastardos que afloran con promesas ilusorias los días patrios o fríos, vendido al peso por microempresas con fines de lucro, sin fines de locro ni principios éticos.
Mercedes hacía el locro exacto, preciso y milenario, el perfecto. Balanceado, armónico, consistente, sustancial, redondo y mágico.

A fuerza de aguantarla tantos años, de ayudarla en lo sórdido logístico y de ganar su corazón encallecido con infantiles zalamerías que a esta edad resultarían hipócritas, fuimos iluminados con la tradición (el traspaso, la traición).
Repetiremos, no como sacrilegio sino como homenaje, el locro genuino que Mercedes heredó de una historia terrible, mestizada a la fuerza.
Ese locro emblemático y arquetípico, ejemplar y paradigmático que obedece a un preciso sucederse de inmutables procederes controlados.
Cualquier cambio en la ruta, aún pequeñísimo, alteraría el equilibrio
Este locro es así, y si no, no es.
Es el locro que aprendimos de la Talquenca nosequéchay, gramo por gramo y fuego por fuego
Un locro que Mercedes hacía de tanto en tanto, siempre distinto, según lo que tuviera a mano y el humor que la gobernara
Porque Mercedes llamaba locro a cualquier cosa que tuviera maíz, o trigo, o arroz, abusando de su facultad.
Un día lo hizo con fideos y salsa de tomates, y nada más.

Demasiado, che.
Too much
Tomatelás, Mercedes, con tus tomates
Voy a hacer el locro que me gusta, como se me canta, como quiera o como pueda, como me salga.
Y me va a salir espectacular, porque tengo el poder y conozco el secreto

Vayan reservando mesita

Osperamos

Anda por aquí
[Tango y Truco] [Tango] [Truco] [Chismes] [Comidas] [Correo]

Mensajes a tyt@tangoytruco.org.ar

09/10/08, último cambio