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Hace pocas décadas, en la Roma pre unionista, un joven diletante olvidó el vocablo
italiano equivalente a "rellenas" y se la pasó comiendo unos fideos grandotes, chatos y rectangulares, con aceite de oliva y nada más. A modo de compensación tardía, las lasañas que serviremos mañana
viernes 22 a las 21.30, tendrán tantos rellenos que difícilmente conserven la vertical. Llevándole la contra a una estúpida época de vacas flaquísimas, a despecho de tantas miserias múltiples, estamos atareados
pergeñando este finísimo plato de la cocina gargantuásica -pre pantagruélica- conocido como lasañas de los cuatro elementos, en cuya composición intervienen factores de la tierra, del agua y del aire. El fuego,
claro está, cocina, pero no se come (los tragafuegos, en rigor, solamente lo escupen groseramente). Comprobará el audaz dispuesto a invertir seis pesos en su formación cultural y física, que el plato se compone
de varios pisos complementarios, separados por las lasañas en sí, a modo de losas comestibles, que serán de variadas composiciones y colores. Habrá estratos vegetales, marinos, lácteos, volátiles, sustanciosos,
virtuales y reales; unos aportarán sabor y aroma, otros consistencia y equilibrio; se hallarán algunos sin sentido aparente, son los que hacen al todo con sutileza sólo detectable por sensibilidades
mayúsculas. Sencillas salsas alternadas aportarán a una gestalt compleja y única de saludable asimilación y grato recuerdo, que no convendrá desmembrar en sus partes compositivas en aras del buen gusto, dicho sea
en todo sentido. Si algún comedido suspicaz quisiera presupuestar el gasto analizando insumos y tiempos de preparación, encontrará que tamaño manjar resulta un regalo, aún comiendo una sola porción, pese a que las
repeticiones no suman aquí los viernes, como es consuetudinario. Pues bien, suspicaces, revisad a gusto -haced vuestra porquería revisatoria- y comprobad que si coméis dos, son dos regalos. Y así de seguido.
Resumiendo: lasañas a lo bestia, para finas individualidades. Una propuesta mafiosa, de esas que no se pueden
rechazar
Quien haya bien interpretado esta oportunidad singular apta para la cartera de la dama
y el bolsillo del caballero, podrá reservar plaza telefónicamente (4431-4626, dejando un número para confirmación) o por esta novísima vía emílica Osperamos, inefables contertulios Siempre es tarde para
arrepentirse
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