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En
tiempos de la proto-Holanda, cuando los países no eran tales aún, eso de la comida era un asunto bien distinto. La famosa brecha -entre ricos y pobres- era a la vez más profunda y más llana: se compartía más de
lo que no. A veces, por ejemplo, se sentaban todos a la misma mesa. En una punta los señores, sus parientes y favoritos, en la otra, la baja gente. La comida se discriminaba, y para el lado del
privilegio iba lo mejor. Se consideraba así (mejor) a lo más complejo; En ciertas zonas de España y América se conserva el mismo curioso criterio. Todavía cocinan algunos yanquis el pavo relleno de pato
relleno de pollo. En los tiempos de Rhijno el asunto seguía con más rellenos adentro: una paloma, una alondra, unos corazones de ruiseñor y un grillo, sin contar frutas y frutos secos.
Rhijno quería -era cocinero- cerrar el círculo de lo infinito, y se pasó la vida intentando un plato
imposible: pretendía meter otro pavo dentro del grillo último y reiterar el procedimiento. Pero se le rompía y debía sustituir el frustrado manjar con alguna cosa rápida de emergencia, asunto difícil en épocas
remotas sin freezer ni paquetitos comprados. Rhijno perseveraba, inspirado en el simple simbolismo del huevo que contenía una gallina potencial contenedora de otro huevo, y así siguiendo. Tan absorto estaba en
su propio mundo ideológico, que pensó que todos pensaban igual y sirvió una fuente con un huevo -nada más que un huevo crudo- convencido de que todos admirarían la síntesis. Chocó con lo prosaico de un mundo ajeno a
las vanguardias. Entonces, cansado de reproches e incomprensiones, optó por otras soluciones infinitas, y se dió a cocinar todo redondo, sin principio ni fin ni pasado ni puerta. Fue así como inventó los
panqueques, delicado recurso que homenajearemos el sábado pasadas las 22 (según Cristina). Los llamaremos crepes, por snobismo fashion, y atraerán la atención de gourmets y gourmands por su
contraste entre lo leve y lo pesado, lo sutil y lo bestia, lo fino y lo grasa. Serán redondos, porque el nombre Rhijno remite a círculo o anillo. (Perv, en cambio, remite a otro significado).
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